Voy a publicar en este blog el diario de mi viaje en bicicleta por Indochina, que tuvo lugar en el mes de febrero de 2014.

Los motivos son varios, entretener al lector, servir de modesta guía para el viajero, cumplir con una obligación moral de la asociación… pero sobre todo es intentar mantener el contacto con amigos, colaboradores e interesados en el nuevo proyecto de esta asociación: poder llevar a cabo la construcción de una biblioteca en Madagascar.

Vamos ahí pues con la introducción a este mi segundo cuaderno de viajes:

Doce días en Laos. (Cuaderno de viaje: Vietnam – Laos – Tailandia 2014)

Por Eduard de Cáceres Bosch

 

  • “Lo que importa es el hecho de la tentativa y no su objeto. (…) , el joven que durante algunas semanas o meses se aísla del grupo para exponerse, ya con convicción y sinceridad, ya, por el contrario, con prudencia y astucia (las sociedades indígenas también conocen estos matices), a una situación excesiva, vuelve dotado de un poder que entre nosotros se expresa por artículos periodísticos, importantes tiradas y conferencias en salas repletas, pero cuyo carácter mágico se encuentra atestiguado por el proceso de auto mistificación del grupo, que explica el fenómeno en todos los casos.”

 

Claude Lévi-Strauss. Tristes trópicos.

 

CAPÍTULO 1

 

4 de febrero de 2014 – ¿Cuándo comienza un viaje?

 

Hecha la maleta y terminados todos los preparativos, compro finalmente las libretas donde escribiré un nuevo diario de viaje. Al verlas sobre la mesa del comedor he sentido la necesidad de escribir ya, a pesar de que todavía me encuentro en Barcelona. La pregunta ha venido de repente a mi mente y la respuesta me ha hecho reflexionar un poco, todo ello filosofía de andar por casa, pienso. La respuesta podría ser: en el momento en que uno coge el medio de transporte, en el umbral de la puerta de casa, al subirse a la bicicleta ya en un país lejano, o quizás mucho antes, cuando comenzamos a urdir el plan y empezamos a dibujar el borrador, en nuestras mentes, sobre un mapa, en un pedazo de papel.

 

De hecho, lo que interesará al lector serán las vivencias, incluso las eventuales aventuras del viajero, las referencias útiles que pueda encontrar. El proceso mental anterior e interior poco importa. ¿Qué impulsa a viajar ?, salir de una cotidianeidad, en mi caso, bastante cómoda; abandonarlo todo por descubrir, experimentar en la propia piel lo que hoy tenemos, aparentemente (virtualmente diría yo) al alcance de la mano sin movernos del sofá de casa. Quizá se trate de huir para encontrarnos a nosotros mismos, despojados de todo lo que aquí nos hace aparecer como los demás piensan que somos. También buscamos esa mística de imbuirnos de una fuerza superior, de un halo místico, algo que parece casi intrínseco a la naturaleza humana.

 

El día antes es el replanteamiento de todo ello, la salida de las dudas, la temida balanza. El día de la partida, cuando estás sentado en la terminal esperando el vuelo es finalmente el choque con la realidad, una realidad que hemos escogido, que no es fruto del azar. Son momentos que no puedes entrenar, que hay que afrontar con fuerza y ​​optimismo, donde hay que alejar los pensamientos negativos y mantener un tono de prudencia, y buscar un punto de referencia que guíe nuestra toma de decisiones.

 

“Preconceito”

 

Me voy, todo sea dicho, con una serie de ideas preconcebidas sobre la península indochina y su gente. He leído sobre los horrores de la época Khmer Rouge en Camboya, país que no visitaré, sobre la historia de Vietnam y sus recientes guerras, unos episodios bélicos que vi de niño, en el televisor en blanco y negro de casa de mis abuelos; he hablado con gente que ha escrito y pedaleado sobre aquellos lugares.

 

Los brasileños tienen una palabra “preconceito“, lo “preconcebido” que aplican para definir lo que nosotros llamamos racismo o discriminación. Me gusta la palabra. Poco o nada de lo que he leído de otros viajeros tendrá lugar en mi viaje, y no puedo sino congratularme de ello, ya que eso me demuestra que cada viaje es un viajero y un momento, por lo tanto, único e irrepetible. El viaje del nómada siempre lo será, aunque agencias de viajes, grupos organizados y guías repetitivos se empeñen en unificar experiencias que venderán como fantásticas, divertidas … y únicas también. Pasarlo mal es parte de un viaje, como sentirse solo, pasar miedo y frío, hambre, calor; son los estímulos necesarios que harán rica nuestra experiencia, sin necesidad de que sea una gran aventura.

 

Por lo tanto, y perdóname amigo Iván [1] , ni un Vietnam decepcionante, ni un Laos relajante, ni una Tailandia tan turística.

[1]Iván Faure – Asia a 15 por hora. Barcelona-Autoedición-| Publicado 03/2011